«JUICIO DEL CONDE», LA NUEVA SERIE DE CAPITAL…

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En ocho capítulos que se verán en dos tandas seguidas de la franja Series en Serie, del canal Capital, lunes a jueves a las 9:00 p.m., el director Mario Mantilla se dio a la tarea de contar desde la ficción, la historia del supuesto aristócrata santandereano José María Rueda y de José Joaquín Ximénez, el periodista que lo dio a conocer. Un encuentro afortunado que los convirtió a ambos en personajes legendarios.

Pero antes de hablar del personaje de Toto, hay que mencionar al hombre que inspiró la serie: José María Rueda un hacendado santandereano, que se hacía llamar así mismo El Conde de Cuchicute, título nobiliario con el que regresó a Colombia, luego de su estadía por Europa a finales del siglo XIX y a quien le da vida el actor Hernán Méndez.

La historia del distinguidísimo Conde de rancio abolengo, inicia con la demanda a su hermano, a quien años atrás entregó sus bienes y fortuna, con la única condición de una pensión a perpetuidad. El problema es que ahora asegura que no estaba en sus cabales cuando lo hizo y exige la restitución de todo en un juicio bastante complejo.

Si esta historia parece una locura, ni se diga la de su coprotagonista José Joaquín Ximénez, el periodista que encontró su redención al empezar a cubrir el juicio y lograr que su jefe volviera a confiar en él, luego de que un par de años antes, en su trabajo como reportero de crónica roja en lugar de escribir noticias, se inventara novelones dignos de un escritor de misterio, o poemas que hasta le dieron un toque de romanticismo a los suicidas del Salto del Tequendama.

El actor Toto Vega interpreta a Ximénez, quien, aunque murió joven sigue siendo recordado como un ícono del periodismo a pesar de que fue descubierto creando personajes, entre ellos el peligroso delincuente Rascamuelas y el poeta Rodrigo de Arce, que nunca existieron pero que le permitieron en cierta forma, convertirse en el escritor que siempre quiso ser.

¿Toto cómo llega a El juicio del Conde?

Sucedió cuatro años después de una larga charla con el director Mario Mantilla, quien se presentó en el Festival de Cine Verde de Barichara – Festiver, con el cortometraje La hormiga y el coronel. Tanto a Nórida Rodríguez, que también participa en El juicio del Conde, como a mí, nos llamó la atención la creatividad con la que había superado la falta de recursos para hacer las escenas de combate de criollos y españoles en la Batalla del Pienta, usando en lugar de hombres a hormigas rojas y negras.

Terminamos hablando de otras historias de la región de Santander con las que yo había crecido, entre ellosEl Conde de Cuchicute sobre el cual empezó a investigar. En 2019, presentó el proyecto en la última convocatoria de la Autoridad Nacional de Televisión, ANTV, donde logró el mayor puntaje registrado en la historia de esta convocatoria: 98/100.

¿En qué se apoyó para su creación de Ximénez?

Empecé por leerme el libro El Solitario, de Juan Camilo Rodríguez que nació como una tesis doctoral sobre la historia de José María Rueda, el enigmático Conde; también hablé con Andrés Ospina, el escritor bogotano autor del libro Ximénez y vi una serie de televisión, para conocer más a mi personaje. El planteamiento que fui encontrando es que Ximénez no era un simple mentiroso, sino un novelista que no había logrado su sueño y por eso, incluso, empezó a escribir bajo el seudónimo de Rodrigo de Arce, cuyos poemas se encontraban en los bolsillos de los suicidas del Salto del Tequendama.

El poder de convencimiento de Ximénez era muy fuerte…

Sí, tanto que cuando escribió sobre un robo en un almacén de paños en el tradicional Pasaje Hernández en el centro de Bogotá, inventó que el responsable era un ladrón apodado El Rascamuelas, a quien se le empezaron a acreditar todo tipo de robos en la ciudad. La policía, con el general Alfredo de León al frente, hasta hizo todo un operativo para capturarlo.

Por sus historias reales es muy fácil rayar en la caricatura con estos personajes ¿cómo se logró evitar?

Con un trabajo de dirección, un concepto de producción y una actuación respetuosa. Aunque la línea es muy delgada nunca la pasamos.

Igual estos personajes excéntricos son también divertidos… ¿que lo impactó de ellos?

De Ximénez que era un escritor de historias fabulosas, que aprendió a mentir desde niño hasta en su edad porque nació como un hijo bastardo hasta los tres años cuando sus padres se casaron, que siempre buscó hacerse notar y que sabía que ser encantador era mentir con maestría. Construyó su propio mito y una frase que le adjudican lo confirma: ‘quien se empeñe en trabajar para la muerte nunca alcanzará la gloria en vida’, por algo le decían El niño de la muerte.

Del Conde impactan todas las historias que existen, entre ellas la de su ojo de vidrio. Algunas publicaciones aseguran que lo perdió en un intento de suicidio y que se puso uno de vidrio más grande de lo normal y además usaba sobre este un monóculo. Los campesinos que trabajaban para él aseguraban que ese ojo le permitía ver todo, hasta cuando robaban las gallinas o irrespetaban a las cocineras, cuando en realidad lo que sucedía era que había traído uno de los primeros telescopios al país y así los vigilaba.

Bogotá recreada en Bucaramanga y municipios aledaños, así como en Zipaquirá en Cundinamarca, con un equipo de alrededor de 300 personas, háblenos del rodaje.

Puedo decir con orgullo que el trabajo de la casa Productora Orca puso al departamento en el universo colombiano. El elenco y el equipo técnico son personas de la región que demostraron los estándares de calidad que se manejan. Ahora, sobre el rodaje, solo puedo invitarlos a que se imaginen lo que era vestir trajes de paño con saco y corbata a los 35 grados de Bucaramanga, o los casi 40 del mediodía en Girón, pero todo valió la pena para lograr esta serie inspirada en José María Rueda, nuestro Quijote de la Mancha santandereano.

Usted hablaba también de las locaciones…

La serie tiene unas locaciones hermosas. Los exteriores se hicieron en Zipaquirá, en el parque y en el Edificio del Concejo Municipal, entre otros. Los interiores los hicimos en Bucaramanga en el Centro Cultural del Oriente, que antiguamente fue un monasterio y luego un colegio de monjas; en el Club del Comercio, un edificio republicano construido por comerciantes alemanes y santandereanos y en el antiguo hotel Bucarica, hoy sede la UIS. También grabamos escenas en la Hacienda El Roble, en La Mesa de los Santos y en un café en San Juan de Girón, pueblo patrimonio de Colombia. 

¿En conclusión usted qué cree, el Conde estaba loco o se hacía el loco para recuperar la fortuna que había entregado?

La locura depende de quien la juzgue, así que mejor los invito a ver la serie en canal Capital, de lunes a jueves a las 9:00 de la noche.

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