En el marco del Día Mundial del Corazón, la Fundación Santa Fe de Bogotá alerta sobre una de las mayores amenazas para la salud en el país: las enfermedades isquémicas del corazón (EIC). Según cifras preliminares del DANE, en 2024 fueron responsables del 17 % de todas las muertes en Colombia, consolidándose como la principal causa de fallecimientos1. Estas enfermedades ocurren cuando las arterias se obstruyen y el corazón deja de recibir oxígeno. Cuando la interrupción es repentina, se produce un infarto agudo de miocardio (IAM), conocido comúnmente como ataque cardíaco[1].

Aunque suelen asociarse con adultos mayores, los datos muestran que también afectan a personas en edades tempranas. Solo en 2024, cerca de 900 colombianos entre 15 y 44 años murieron por enfermedades isquémicas del corazón2.

Ante este panorama, el doctor Juan Francisco Figueroa, cardiólogo y coordinador del Centro de Cuidado Clínico de Infarto Agudo de Miocardio de la Fundación Santa Fe de Bogotá, advierte: “El dato más preocupante es que el infarto está apareciendo en edades en las que antes era poco frecuente. Los jóvenes no creen que puedan tenerlo, y esa negación les cuesta minutos críticos”.

Factores de riesgo en nuevas generaciones

Los factores clásicos —hipertensión arterial, diabetes y colesterol elevado— siguen siendo determinantes, pero en la población joven emergen hábitos que incrementan de manera significativa el riesgo cardiovascular3. El tabaquismo es uno de los más críticos3. En Colombia, la edad promedio de inicio en el hábito de fumar es de 17 años. Además, se estima que más de 16 millones de colombianos ha consumido productos de tabaco al menos una vez en su vida[2].

A estos factores se suman otros cada vez más frecuentes en las nuevas generaciones: el sedentarismo prolongado frente a pantallas[3], los trastornos del sueño[4] y, especialmente, el consumo combinado de alcohol y bebidas energizantes[5]. Estas conductas aumentan el riesgo de problemas en el corazón y pueden provocar desde alteraciones en el ritmo cardíaco hasta infartos en personas jóvenes que, en apariencia, estaban sanas3.

Reconocer los síntomas a tiempo salva vidas

El IAM suele manifestarse como un dolor opresivo en el pecho que puede irradiarse hacia el brazo, el cuello o la mandíbula, acompañado de sudoración intensa y dificultad para respirar3. No obstante, en esta población los síntomas pueden ser distintos y aparecer como mareo, cansancio inusual o dolor abdominal, lo que dificulta su reconocimiento. Esta variabilidad hace que, en urgencias, los cuadros a menudo se atribuyan a otras causas —como ansiedad o problemas digestivos— retrasando la confirmación del diagnóstico y el inicio del tratamiento oportuno3.

Cada minuto cuenta. Se ha demostrado que, por cada 30 minutos de retraso en el tratamiento de un infarto, el riesgo de morir aumenta cerca de un 8 %[6]. Además, cuando la atención se brinda en la primera hora desde el inicio de los síntomas, los pacientes alcanzan el mayor beneficio en supervivencia y reducen significativamente la posibilidad de complicaciones graves, confirmando la importancia de actuar en esa “hora dorada”[7]. El problema es que muchos jóvenes llegan tarde a urgencias porque creen que un infarto no les puede pasar; y ese error, en cuestión de minutos, puede costarles la vida o dejar daños irreversibles en su corazón”, enfatiza el Dr. Figueroa.

“Ante cualquier sospecha de infarto, lo más importante es no esperar. Buscar atención médica inmediata en un servicio de urgencias puede salvar su vida, sobre todo si se trata de un centro con experiencia, tecnología avanzada y equipos preparados para actuar en minutos”, concluye el Dr. Figueroa.

En este Día Mundial del Corazón, la Fundación Santa Fe de Bogotá invita a los colombianos, y en especial a los más jóvenes, a comprender que el infarto no distingue edades. Cuidar el corazón hoy es asegurar más años de vida con calidad para el futuro.