En menos de 24 horas, la “Roquera” dejó de ser solamente una escultura instalada en el parque Simón Bolívar para convertirse en tema de conversación en redes sociales, universidades y distintos espacios de la ciudad.

La obra del artista bogotano Maquiamelo, concebida en el contexto de los 30 años de Rock al Parque, despertó reacciones que van desde los elogios hasta las críticas por su apariencia, en particular por la ausencia de la boca. Sin embargo, más allá de la controversia estética, la pieza abrió una discusión sobre el arte en el espacio público, la libertad de creación y la representación de las mujeres en una escena musical históricamente dominada por hombres.

TikTok, Instagram, Facebook y X se convirtieron en escenarios de una conversación que alcanzó miles de interacciones. Algunas publicaciones han recibido cerca de 3.000 comentarios, con opiniones de toda clase: hay quienes consideran bonita la escultura, quienes la califican de fea y quienes encuentran semejanzas con personajes populares, como Betty, la fea. También están las preguntas sobre por qué no fue concebida con determinadas características.

Una voz para las mujeres del rock

Para Carolina Portela, guitarrista de Highway, banda bogotana de hard rock y heavy metal con más de dos décadas de trayectoria, el valor de Roquera va más allá de su apariencia. La artista considera que tener una figura femenina vinculada con el rock en un espacio tan representativo de la ciudad constituye un reconocimiento para las mujeres que han luchado por abrirse camino en la industria musical.

“Me parece muy bueno. Que sea un símbolo femenino. Roquera ya es algo espectacular, muy significativo para nosotras, las mujeres que hacemos parte del rock y de la industria de la música, y para las mujeres en general”, afirma.

Su reflexión parte de una realidad que conoce desde los escenarios: hacer música en una industria históricamente masculinizada implica desafíos adicionales. Aunque reconoce que la actividad artística se sostiene por la pasión y el amor por la música, señala que las mujeres han tenido que luchar para conquistar espacios no solo como intérpretes, sino también en áreas técnicas, de gestión y de toma de decisiones.

“Es muy gratificante, porque obviamente esto lo hacemos por amor al rock y a la música, pero también es un reto importante. Es difícil, porque la escena del rock ha sido machista”, explica.

Portela celebra que cada vez haya más mujeres tocando en festivales y ocupando posiciones en los equipos técnicos y de management. Desde su perspectiva, la presencia femenina en Roquera también invita a reflexionar sobre las violencias y desigualdades que persisten en la sociedad.

“Creo que este monumento resignifica todas esas situaciones, nos da visibilidad y nos ofrece un símbolo físico para ver lo importantes que somos las mujeres en esta sociedad”, sostiene.

Frente a las críticas por la ausencia de boca en la escultura, la guitarrista considera que es necesario diferenciar las decisiones estéticas del artista del significado que el público atribuye a la obra. Para ella, interpretar ese rasgo como una representación de mujeres sin voz desconoce otras posibilidades de lectura.

“Realmente, lo que nos dio con ese monumento a las mujeres fue una voz”, afirma.

La artista también destaca el uso de balas recicladas en la elaboración de la pieza, un elemento que, en su opinión, incorpora una dimensión simbólica relacionada con la memoria y la resignificación de la violencia que ha marcado al país. Portela conoció el proceso de creación durante una visita al taller de Maquiamelo organizada por la Secretaría de Cultura, experiencia que le permitió acercarse a los materiales y al planteamiento artístico de la obra.

Una nueva etapa en la trayectoria del artista

La discusión sobre Roquera también ha suscitado lecturas desde la historia y la crítica de arte. El curador Álvaro Medina considera que la escultura es consistente con el recorrido de Maquiamelo, quien comenzó hace varias décadas a trabajar con cabezas de jíbaro del Amazonas y ahora presenta una nueva aproximación a las esculturas monumentales de piedra, creadas por la civilización olmeca en Mesoamérica, entre los años 1500 y 400 a. C.

Desde esta perspectiva, la obra no debe entenderse de manera aislada, sino como parte de una exploración artística que ha evolucionado con el tiempo. “La cabeza, presente en diferentes momentos de su producción, reaparece aquí en una propuesta asociada con la figura femenina y el universo del rock”, destaca el curador de arte.

Para Maquiamelo, esa reacción ciudadana es uno de los aspectos más interesantes del fenómeno: “que personas de diferentes edades, ocupaciones y experiencias se sientan convocadas a opinar sobre una obra mía, eso es significativo para un artista. Hay que mencionar también que la escultura, elaborada con balas recicladas, también abre una reflexión sobre la posibilidad de transformar materiales asociados con la violencia en una propuesta artística”.

En medio de las críticas y los elogios, Roquera plantea una pregunta que trasciende sus características físicas: ¿qué sucede cuando el arte abandona los espacios especializados y entra de lleno en la conversación cotidiana?