Un libro para entender el mundo de Silvio Rodríguez que no se va a simple vista.

Mi interés por la fotografía es de lo más común: cuando yo era niño, muy poca gente poseía una cámara. La primera vez que vi una fue en el estudio del fotógrafo de San Antonio de los Baños, Carlos Núñez, que con el tiempo se convertiría en un relevante fotorreportero. Después, en la adolescencia, tuve la suerte de trabajar en diferentes publicaciones y de conocer a excelentes fotógrafos. En el semanario Mella fui compañero de Ernesto Fernández y de Peroga; en la revista
Venceremos de Andrés Vallín y de Ovidio Camejo; en Verde Olivo de Perfecto Romero, de Sergio Canales, de Eutimio Guerra, de Juan Luís Aguilera. Fui vecino de Mario García Joya (Mayito) y de María Eugenia Haya (Marucha) durante 18 años. Y, hasta que falleció, fui amigo de Alberto Korda. La verdad es que he tenido la suerte de conocer a fotógrafos muy buenos.
De cada uno —y de todos— fui aprendiendo a querer y a interesarme por la fotografía y, por supuesto, por las cámaras.

AUTOR: DANIEL MORDZINSKI

Conocido como «el fotógrafo de los escritores», trabaja desde hace más de treinta años en un ambicioso atlas humano de la literatura iberoamericana, retratando a los protagonistas más destacados de las letras hispanas. Es corresponsal gráfico de El País y el fotógrafo de los encuentros literarios Hay Festival, Literastur y VivAmérica. Sus últimos libros publicados son Caleidoscopio y De tinta y luz.

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