MI VIDA Y EL PALACIO. 6 Y 7 DE NOVIEMBRE DE 1985

Este libro no sólo es un acto de justicia poética sino una profunda reflexión sobre una de las peores tragedias que ha vivido Colombia. La toma y retoma del Palacio de Justicia fue, además de un hecho luctuoso para la sociedad, un punto de inflexión para cientos de familias que quedaron atravesadas, literalmente, entre las violencias de la guerrilla y del Estado.  

Carlos Horacio Uran, un brillante abogado que se había formado en Uruguay, Bélgica y Francia, trabajaba como magistrado auxiliar en el Consejo de Estado. La tarde del 7 de noviembre salió vivo del Palacio pero luego fue introducido al edificio para hacerlo parecer muerto en el sangriento asalto del 6 y 7 de noviembre.  

Este libro comienza cuando un comando del M-19 se toma el edificio sede de la Justicia colombiana, y se inicia una batalla que dejó un vacío de poder de 27 horas. En el entretanto, la familia de Uran, su esposa Ana María, y sus cuatro hijas, además de sus amigos, intentaron buscarlo por todos los medios. La angustiosa pesquisa los llevó a Medicina Legal, en esos días aciagos, y tras los hechos, a un exilio desgarrador. Su hija Helena, quien para la época tenía diez años, cuenta esa historia colombiana de violencia, y revictimización, cuya terrible verdad salió a la luz gracias a la investigación valiente 22 años después de los hechos, de un periodista y una fiscal quien también terminó perseguida. Este libro tiene grandes virtudes y debería ser leído con urgencia por cualquiera que quiera entender que nuestra historia personal tiene hondas implicaciones en la vida política: la tragedia de la desaparición forzosa de un padre que deja cicatrices profundas en su familia, pero, también, en todos nosotros. 

AUTORA: HELENA URAN BIDEGAIN. Nació en Lovaina Bélgica, en 1975. Estudió Ciencias Políticas en Colombia. Posteriormente cursó pregrado y maestría en Estudios Latinoamericanos, Lingüística y Medios en Hamburgo, Alemania. Ha trabajado en Colombia, Estados Unidos y Alemania en diversos ámbitos de la política, en cooperación internacional, investigación, advocacy, comunicación y periodismo, con especial atención a los derechos humanos, la justicia, la migración, memoria histórica y políticas de la memoria. 

Prólogo de José Mujica:  

“Hay muertes innecesarias y desapariciones que parecen ajustes del pasado. Después sobrevendrá un medio público que no sabe, que no quiere ver, que no quiere saber. Tiempos de verdad oficial, contra la verdad real.  

Esta querida casi compatriota que no conozco, pero mucho entiendo, nos relata su peripecia muy en esencia similar a la que vivieron miles de familias latinoamericanas en este nuestro continente. Para todas ellas, con sus pañuelos y plazas, para todas esas familias pisoteadas un abrazo en estos relatos conmovedores y un hasta siempre porque la vida continúa y por tanto las luchas por Memoria y un Mundo Mejor”.  

Epílogo de Francisco de Roux:  

“El relato de Helena es un homenaje a la grandeza humana de su padre, el magistrado Carlos Horacio Urán y una epopeya de coraje personal y familiar. Es también una contribución valiosa al esclarecimiento de la verdad desde la mirada de la mujer madura hoy, que escribe desde la niña que era hace 35 años. Es una historia cargada de sentimientos y dignidad y al mismo tiempo es un relato llevado por la decisión de hacer claridad y justicia sobre el asesinato, que mantiene la presencia de todas las víctimas del Palacio de Justicia y particularmente de las menos reconocidas, las de la cafetería.  

Como cualquier otro día, empieza Helena, la historia de su mañana del 6 de noviembre. Así estábamos también nosotros, en el CINEP. Carlos Horacio había venido dos días antes. Con la misma energía de siempre. Con el optimismo incansable de papá de cuatro niñas que miraba al futuro lleno de esperanza. Con esa satisfacción desbordante que refería a Ana María, su esposa, y la tenacidad con que invitaba, desde su clara confesión cristiana, a luchar por la paz y la justicia por caminos no violentos. Esa misma tarde, entrando la noche, con otros amigos perplejos pasamos un rato por el apartamento de Ana María y las niñas. La situación en el Palacio de Justicia era de total incertidumbre. Nada se sabía de Carlos”. 

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